miércoles 20 de octubre de 2021 - Edición Nº1857
2 URBANOS » Opinion » 24 sep 2021

Opinión

La dimensión de la sorpresa. Por Gustavo Spalletti

Luego de las últimas elecciones (PASO), el ex concejal de Tres de Febrero realizó una nota de opinión, dando su mirada sobre cómo percibe la política en el último tiempo.


Por:
Gustavo Spalletti

Por Gustavo Spalletti 

 

La dimensión de la sorpresa del gobierno por los resultados de las PASO, es proporcional a la distancia que precisamente hay entre el gobierno y la realidad. Quizá la sorpresa sea que haya ocurrido lo lógico, en un país donde eso no siempre prevalece.

 

 

Confirma que venían circulando a contramano de la gente el slogan de campaña: "La vida que queremos". Algo más cercano a los suizos de Frederic que a una sociedad a la que, en dos años, el Gobierno iba a llenar las heladeras se las vació, las jubilaciones que juraron aumentar se hundieron, o que la inflación, los precios, el desempleo, la inseguridad, la pobreza crecieron como nunca. Obviamente, esa no es la vida que queremos.

 

 

Seguían a contramano con un Presidente que decía que se "dedicó a cuidar a los argentinos". Cuidar no es solo vacunar. Si hay inseguridad, tenés miedo y percibís que nadie hace nada, no me estás cuidando. Si hay inseguridad con el techo, con el trabajo, con comer hasta fin de mes, no me estás cuidando. Si tu agenda está más preocupada por lograr impunidad para tus problemas del pasado, que en resolver los míos del futuro, no me estás cuidando.

 

 

No todas fueron razones exógenas.

También, y no menor, fueron las endógenas, que van desde el lamento palaciego que sufre el albertismo nonato, pasando por el convite de sobras de candidaturas que organiza La Cámpora, a un Peronismo bonaerense que baila al ritmo de una lapicera que "se mira y no se toca", hasta llegar al mismísimo corazón del proyecto Nacional y Popular que arrastra "la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser" y que grita: piedra libre, el Kirchnerismo está desnudo.

 

 

El Partido del Conurbano, también conocido como Kirchnerismo, para funcionar necesita plata y un relato. Y así funcionó hasta ahora, con una épica fundante y plata para distribuir, sin eso, no hay kirchnerismo.

Hoy es el canto a la impotencia, plantea cosas que ni el mundo, mucho menos ellos, están en condiciones de hacer y para peor, cuando están en el gobierno queda muy claro.

Su obsesión por el pasado, su visión obsoleta del capitalismo, sin propuesta de remplazo, expresa lo que definió Jhon William Cook como “el hecho maldito del país burgués“, porque lo hackea, lo provoca, pero no lo puede sustituir.

 

Y no es que le falta algo, no tiene nada con que dar esa batalla. En el Siglo XX, al menos, tenía las referencias socialistas de gobierno como faro, hoy sus referencias son Cuba, Venezuela y Nicaragua, con un 96%,.90% y 50% de pobreza respectivamente, o sea, nada!.

Y si algún Grabois de turno, les aconseja a algunos de los millones que huyeron de esos países que vuelvan, que tomen tierras y hagan una huerta, éstos les responden: estamos huyendo precisamente de eso.

 

El kirchnerismo está desnudo.

 

 

Este progresismo oligárquico que naturaliza la miseria y fetichiza lo popular, que en su lenguaje habla de inclusión y no de justicia social, de que los derechos se “amplían” (sic), gracias a la bondad de "una jefa" y no producto de conquistas.

Este progresismo como excusa, que naturaliza la pobreza y la coloca en el lugar de una herencia ajena, del pasado, a pesar de gobernar 14 de los últimos 18 años y que ante el sufrimiento del marginado, su política es marginalizarse, “descender” simbólicamente y sublimar, toda una sensibilización estética en pos de esa naturalización, un camino a la inverso a la Doctrina de la Justicia Social. En lugar de bregar para que salgan de su lugar de excluidos, con derechos y oportunidades de verdad, lo “folclorizan” como la más cruel de las estigmatizaciones.

 

 

Llegaron a esta campaña sin nada de lo que fueron, guardaron en un baúl la diversidad del Frente de Todes, Milagro Salas, Facundo Maldonado, la CGT, Hebe, a Carlotto y los pañuelos blancos. De pronto, los 70’ no existen más. Desapareció, así como desapareció la épica, se vació el discurso. Se quedó sin nada.

 

 

Llegaron a las PASO mirando hacia atrás, porque para adelante solo pueden ofrecer garche, porro y astrología, algo para lo que el pueblo se puede arreglar solo.

 

 

La única duda entonces, el pasado 12 de septiembre, era comprobar si la sumatoria de todos esos factores climáticos iba a producir la tormenta perfecta. Y así fue.

 

 

Aquéllos votos que apostaron que "volvían mejores", encarnados fundamentalmente en Alberto y en Massa migraron, solo quedaron los votos del núcleo duro, y ya sabemos que con Cristina sola no alcanza.

 

 

Fue lógica entonces, la avanzada a posteriori del Kirchnerismo sobre Alberto, los votos son de ellos, y fundamentalmente las causas judiciales pendientes. Eso sí, las formas de esa avanzada respondieron al salvajismo político. Las jugadas sofisticadas requieren de una autoestima superior al ego y éste no sería el caso de la vicepresidenta, no sea cosa que por pecar de sofisticación haya quedado alguna duda de quien realmente manda.

 

 

Como corolario de este cóctel, hubo miles de urnas que hablaron y expresaron con contundencia tres cosas:

La primera: que los argentinos están enojados.

La vida o la economía le dijeron, y se comió la dos curvas. Pero lo que no se comió, fue la obscena impunidad de una oligarquía política que desfiló sus privilegios ante la angustia de la gente. Esa torta VIP, cuya frutilla fue la fiesta de cumpleaños en Olivos, la sociedad no la llegó a digerir, porque le quedó atragantada y lo escupió en las urnas.

 

 

Ahora, cuidado con salir desesperados a aumentar la dosis de demagogia con una descontrolada emisión monetaria, que no solo nos dispare al abismo sino que exprese en las urnas de noviembre el mayor enojo nuevamente provocado.

 

 

La segunda: que los argentinos no quieren ser Venezuela.

Ahora cuidado con hacer disparates cuando salgan desesperados a revisar los manuales de Gramsci o Laclau. El Kirchnerismo necesita un combate para contener su tropa, no arreglar con el Fondo podría ser una excusa para explicar durante dos años más, lo mal que estamos porque estamos librando un combate -Cuba a 70 años que le hecha la culpa al bloqueo, 70 años dije? cuánto duran las revoluciones?, bueno ese es otro debate- pero al menos enseña que esas excusas son como el chupete para la militancia progre, no alimenta pero entretienen.

 

 

La tercera: que los argentinos están decididos a decirle basta al kirchnerismo, precisamente, porque están decididos a remover los obstáculos que impiden la unión nacional, indispensable para hacer realidad un proyecto como nación.

 

 

Ya cuentan con algunas pistas sobre el humor social, es hora que se pongan a gobernar.

 

 

Gustavo Spalletti Abogado

ex Concejal

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