Detrás de las imágenes del cerro que se desplaza y de las evacuaciones preventivas, hay vecinos que tuvieron que salir de sus hogares con lo puesto, sin saber si podrán volver, ni cuándo. Hay miedo, incertidumbre y una angustia silenciosa que rara vez ocupa el centro de la escena.
Frente a estas situaciones, surge una pregunta inevitable, que se repite entre los propios vecinos: ¿quién acompaña cuando la urgencia llega? ¿quién está presente cuando la gente más lo necesita?
No es un hecho aislado. Preguntas similares surgieron tiempo atrás durante la inundación en Bahía Blanca, cuando muchas familias atravesaron pérdidas enormes y la respuesta llegó, en muchos casos, de manera tardía o insuficiente. Emergencias distintas, mismo sentimiento: la sensación de estar solos en el momento más crítico.
Porque estos hechos no son solo fenómenos naturales. También interpelan la planificación, el cuidado del territorio y la capacidad de respuesta frente a quienes quedan expuestos de un día para el otro. Cuando el suelo se mueve o el agua avanza, no solo se quiebra la tierra: se quiebra la sensación de seguridad y de amparo.
“Escuchar a los vecinos cuando todo tiembla o se inunda no es una opción, es una responsabilidad”, reflexiona Abigail Mercado, referente social, al remarcar la importancia de anticiparse y acompañar antes de que la emergencia sea la única respuesta posible.