La banda era conocida en la jerga policial como los “chilenos camaleones”, ya que sus integrantes se cambiaban de ropa inmediatamente después de cometer los delitos con el objetivo de pasar desapercibidos y evitar ser identificados.
El operativo que permitió desarticularlos comenzó cuando la Patrulla Municipal de Vicente López realizaba tareas de vigilancia de rutina en la zona de Azcuénaga y Aristóbulo del Valle, en las inmediaciones del Puente Saavedra. En ese momento, los agentes recibieron una alerta por un robo en una vivienda ubicada en Lavalle al 900, donde los delincuentes habían ingresado por la fuerza y sustraído dinero en efectivo —pesos y dólares—, computadoras y una tablet.
De manera simultánea, operadores de ESCUDO, la central de monitoreo del municipio, iniciaron el seguimiento a través de las cámaras de seguridad. Gracias a este sistema, lograron detectar a dos individuos sospechosos a pocas cuadras del lugar del hecho, quienes se habían cambiado de vestimenta y luego abordaron un automóvil Fiat Palio azul que circulaba sin patente.
Con esta información recibida en tiempo real, móviles de la Patrulla Municipal se sumaron a la persecución. Minutos después, los sospechosos descendieron del vehículo, confiados en haber logrado escapar, pero fueron rápidamente interceptados por personal policial en la intersección de la avenida del Libertador y Las Heras.
Al momento de la requisa, se constató que ambos eran de nacionalidad chilena y que uno de ellos era menor de edad. Entre sus pertenencias se secuestraron más de 3.000 dólares, 200.000 pesos en efectivo, una computadora MacBook Air y una tablet iPad de color blanco, elementos que habrían sido robados en el domicilio.
Gracias al trabajo coordinado entre la Patrulla Municipal, la central de monitoreo ESCUDO y la Policía, y al uso de tecnología de última generación, los delincuentes fueron puestos a disposición de la Justicia y quedaron fuera de circulación.