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El corazón del campeón y el acto deportivo: Argentina vs Egipto - 2Urbanos

SAN MARTIN | 9 JUL 2026

OPINIóN

El corazón del campeón y el acto deportivo: Argentina vs Egipto




Por: Martín Chain - Psicólogo especializado en alto rendimiento

¿Quien no pensó estamos afuera cuando Egipto metió el 2-0 contra Argentina? Un equipo que no tiene gran tradición futbolera y que hacía su primer participación en una instancia de octavos de final, en ese sentido rival bastante similar a Cabo Verde, logró vencer a Argentina durante los primeros ochenta minutos de juego. A pesar de la superioridad técnica de Argentina, de tener la pelota más tiempo que el rival y de generar situaciones más claras (incluyendo un penal), Egipto logró el primer tanto al comienzo del partido en un gol de cabeza bien logrado por su delantero, esta primer parte de la contienda se podría llamar la sorpresa. Sorpresa del gol de Egipto, sorpresa de no poder meter la pelota, sorpresa de que nuestro líder falle un penal. El segundo tiempo fue cosa distinta, Argentina estaba visiblemente más agresivo a pesar de estar perdiendo sacando a relucir la chapa de campeón y el hambre de victoria. Frente a la presión que ejercía el equipo albiceleste a Egipto no le quedaba más que defender y buscar la contra para aprovechar sus cualidades físicas. Así fue, en la primera contra Egipto alarga la distancia por unos minutos hasta que el árbitro anula la jugada por una infracción previa sobre Licha Martínez. Argentina entera respiró hondo. El segundo tanto se hizo efectivo en la segunda contra del equipo africano marcando, ahora sí, el 2-0 contra el vigente campeón mundial. No obstante, el campeón siguió luchando. Messi que había estado visiblemente complicado durante todo el encuentro, no se encontraba, le cerraban los espacios, le ganaban los duelos y hasta le atajaron un penal, optó por luchar haciendo un esfuerzo superior, conmovedor ejemplo de quien ganó todo y juega como si no hubiera ganado nada. Desde el banco, el gran líder, realiza los cambios acertados, entraron el Toro y Nico Gonzalez. A pesar de la derrota y que íbamos por el minuto 78 de los 90 en juego, a pesar de que el campeón perdía contra una selección sin tanta calidad, a pesar de que el calor pesaba y los africanos estaban más acostumbrados a esas condiciones, había algo que permitía anticipar un quiebre: Argentina seguía intentando con la misma agresividad y determinación del comienzo, como sabiendo que iban a ganar. Si el gran líder que estaba en el banco eligió bien los cambios, el gran lider que estaba en cancha eligió bien su estrategia, se movió al costado derecho jugando de siete y pasando desapercibido. Lo realmente llamativo es que Messi había jugado “un mal” partido por comparación a otros, opinión emitida con el mayor de los respetos y por solamente un aficionado a esta selección. Sin embargo, el diez encontró el camino. Desde esa posición al

 

costado de la cancha, le tira un centro a la cabeza del Cuti que se abrió paso hasta el área chica para marcar el primer descuento. Sin festejar el gol el Cuti vuelve corriendo haciendo un gesto que toma la cámara rápidamente, parecía decir “vamos que sigue”. Minuto 78. La presión se redobla por parte de Argentina, reavivada anímicamente. Minuto 83 aparece la leyenda para marcar el 2-2 y en el tiempo adicionado, minuto 93, Enzo sentencia el partido con un cabezazo de una técnica perfecta.

La psicología aplicada al deporte define a la fortaleza mental como la capacidad que tiene el deportista de autorregularse, reduciendo los efectos de las emociones y pensamientos sobre su rendimiento, lo que le permite ser más persistente y tener una disposición positiva para afrontar los obstáculos. Una de las herramientas de la cual se sirven en el alto rendimiento para mantener la fortaleza mental es el diálogo interno positivo, “podemos lograrlo” sería el ejemplo. Esto no se sostendría sin una confianza previamente forjada en arduas batallas que le permitió a estos jugadores tener la convicción de que si luchaban hasta el final algo distinto podía pasar. Luchar hasta el final es un gran signo de fortaleza mental. Tanto la fortaleza mental como la confianza quedarían circunscritas al campo del pensamiento (ordenamiento simbólico del sujeto).

Lo que realmente me interroga es el lugar del “corazón de campeón”, ¿es lo mismo que la fortaleza mental?. En uno de sus célebres textos Freud va a desarrollar el concepto de pulsión como una fuerza interna constante que busca la satisfacción, fuerza constante, fuerza como empuje, empuje indomable. Este empuje exige su satisfacción, la cual obtiene siempre. Me pregunto si la pulsión tiene algo que ver con el corazón del campeón que le permite luchar cuando todos desisten, cuando todo Egipto ya se había visto ganador, cuando el mundo entero celebrada la hazaña de los africanos, algo parecía exigir una satisfacción por parte de los campeones: competir y pelear hasta el final. Podería ubicar la satisfacción en la lucha misma por puro prestigio en donde los campeones son Amos de sus propios destinos, aceptando lo inefable y dando hasta la última gota de sudor. No parecían dudar, no parecían regular y definitivamente no iban a desistir. Esa fuerza de voluntad era constante, significantes con los que Freud definió a la pulsión.

Parece que la satisfacción se sostiene en un empuje a competir, el placer está puesto en la lucha misma, en la pulseada misma. Allí donde la neurosis se esconde del camino de su deseo, la selección parece aceptar la falta de garantías sobre la realización del mismo lo que, paradójicamente, les permite luchar hasta el final por Ello. En su declaración posterior, el 10 confesó sentir mucha angustia en el partido, declaración que revela la naturaleza de la competencia en alto rendimiento: no es sin

 

angustia. Ahora bien, lo que puede superar la inhibición que sentimos frente al 2-0, lo que puede hacer algo con las dudas sintomáticas (¿nos quedamos o nos vamos?), lo que finalmente puede atravesar la angustia de la que habla nuestro capitán es el acto deportivo.

Un acto para el psicoanálisis es la decisión de avanzar con certeza sobre la inexistencia de la última garantía, sobre la existencia de esa espacio abierto que no puede ser llenado con otra cosa que con puro deseo. Un acto es la voluntad de avanzar aceptando las consecuencias de la propia decisión, consecuencias que definitivamente van a marcar un antes y un después en el sujeto. La pregunta que se me impone mientras escribo este texto es ¿cuál es el momento propio del acto y quien lo favorece dentro de un equipo?. Podemos aproximar una respuesta con la declaración de Paredes al finalizar el encuentro, contando las palabras de Scaloni en la segunda pausa de hidratación “si nos vamos a ir, que sea jugando”, el líder absorbe la presión y pone en palabras la posibilidad de la derrota. Declaración que le sustrae el poder a la derrota por dos vías: la primera al enunciarla le da consistencia de realidad, aleja las dudas vía la aceptación del posible desenlace, la segunda es incorporar al juego en la misma enunciación, actividad que tiene el potencial de crear mundos nuevos según los desarrollos de Freud. Ahí donde el riesgo era inminente, el líder posibilita que su equipo realice el Acto heróico de dejar todo hasta el final, asumiendo la inexistencias de garantías absolutas para la albiceleste y marcando el punto de no retorno de la decisión. Escena que evoca la historia de Alejandro Magno quien mandó a quemar las naves en la costa fenicia instantes previos a enfrentar a un ejército que los triplicaba. Justamente, quemar las naves, fue la invitación de Scaloni pero unas naves que no se iban a quemar pensando en exceso ni corriendo sin sentido sino jugando al juego.

El líder fuera del campo asume la castración propia para quitarle el peso a sus jugadores “si nos vamos que sea jugando”, el líder dentro del campo también asume la castración propia fallar el penal y seguir intentando, perder los duelos y seguir intentando, no se queda atrapado en la infinitud de pensamientos que pueden aparecen en ese momento ni tampoco condicionado por la angustia que declaró sentir. Se orienta por su deseo de competir hasta el final, el cual se sirve de una intensidad pulsional siempre a disposición para intentarlo una vez más.

 

Algunas conclusiones del presente texto:

El corazón de campeón puede asociarse con esa fuerza interna que sigue empujando       contra  todo     pronóstico,            aquello que      Freud

 

conceptualizó como pulsión. Motor por excelencia de cualquier carrera deportiva.

La pulsión se sirve de la fortaleza mental para hallar el camino hacia la satisfacción. Pensamientos como “yo puedo” o “no te rindas” son funcionales a la meta pulsional. Así quedan delimitadas la fortaleza mental propia del orden simbólico y la exigencia pulsional más del lado del corazón.

Un plantel presenta varios líderes sobre los que se genera una identificación y lazos de amor en los cuales se distribuyen las cargas libidinales al mismo tiempo que se consolidan los equipos. El efecto de identificación opera sosteniendo a los jugadores en momentos impensados, Enzo Fernandez declaró post partido estar emocionado por verlo a Messi que seguía luchando sin parar y como esa escena fue un ejemplo para ellos.

Tres liderazgos podemos extraer del partido. Scaloni quien asume la propia castración e invita al juego, funciona como precondición para el acto deportivo de estos muchachos. El acto es, justamente, aceptar la contingencia y entregarse a ella con total arrojo. Messi dentro de la cancha, por el efecto de identificación al líder de la masa invita a sus compañeros a seguir luchando: “si él lucha por qué yo no” podrá haber pensado alguno de sus compañeros. Un tercer liderazgo más silencioso pero igualmente importante estuvo en la mitad de la cancha donde hubo otra figura del partido, alguien que cortaba cada jugada con una intensidad que se renovaba a medida que pasaba el tiempo, dando la sensación de una energía de lucha inagotable: Leandro Paredes. Así queda configurada la estructura libidinal que sostuvo al grupo en un partido tan decisivo y electrizante como el que vivimos en un 7 de julio que quedará para la eternidad.

 

Martín Chain

Psicólogo especializado en alto rendimiento

Director de la Diplomatura en Psicología del alto rendimiento (UNSAM)