Una joven de 23 años identificada como Belén sufrió un brutal ataque por parte de su expareja cuando regresaba a su vivienda. El agresor tenía vigente una restricción perimetral que le impedía acercarse a ella, pero incumplió la medida y volvió a atacarla.
La agresión comenzó cuando el hombre la interceptó en la vía pública y se extendió durante más de tres cuadras.
De acuerdo con la información conocida sobre el caso, Belén recibió golpes y patadas y el agresor incluso utilizó un casco para golpearla durante el recorrido.
El episodio no fue el primero denunciado por la víctima.
En agosto, Belén había recurrido a la Justicia después de sufrir otra agresión por parte de su expareja. A raíz de aquel caso se había dispuesto una medida perimetral para impedir que el hombre volviera a acercarse.
Según relató la joven, aquella situación también tuvo consecuencias laborales y terminó provocando que perdiera su trabajo.
Sin embargo, la restricción judicial no evitó un nuevo ataque.
La existencia de la medida de protección es uno de los puntos centrales del caso: el agresor tenía prohibido acercarse a Belén cuando volvió a interceptarla.
Después de la nueva agresión, el hombre finalmente fue detenido.
La denuncia realizada anteriormente y la restricción de acercamiento vigente quedaron incorporadas como antecedentes del caso.
El episodio vuelve a poner el foco sobre una situación especialmente grave en los casos de violencia de género: qué ocurre cuando una medida judicial de protección es incumplida por el agresor y la víctima vuelve a quedar expuesta.