La Junta Electoral oficializó las dos nóminas el jueves pasado y confirmó un escenario que muchos veían venir: una disputa abierta por la conducción partidaria. Debandi concentra el apoyo de La Cámpora, sectores del cristinismo y gremios afines. Del otro lado, Collia logró reunir un armado heterogéneo que incluye referentes del MDF como Cristina Heredia (candidata a vicepresidenta), la concejala Mercedes Contreras, la diputada Ana Balor y los concejales Hugo Curto, Marina Burgos y Pablo Balor. También cuenta con el respaldo del secretario general de la CGT, Octavio Argüello, y la participación de Lis Diaz, del Movimiento Evita.
En sus primeras declaraciones tras la oficialización, Collia fue directo al hueso: “No podemos resignarnos a seguir perdiendo ni a ser una oposición testimonial mientras los vecinos sufren el ajuste. El PJ no es propiedad de un sector”. Y remató: “Hay otro camino”.
En relación a Debandi, ¿no corre el riesgo de generar cansancio en un electorado que busca renovación? Otra incógnita que se repite en voz baja: ¿por qué Tres de Febrero parece condenado a resolver sus diferencias siempre en internas ásperas, mientras en otros municipios el PJ logra listas de unidad? ¿Es una señal de vitalidad democrática o el síntoma de una fragmentación que no encuentra síntesis?
También surge un interrogante estratégico: ¿por qué no abrir el juego e integrar a todos los sectores en una conducción más amplia? ¿Es una cuestión de liderazgo, de desconfianza acumulada o de diferencias políticas irreconciliables? La lista de Collia parece haber capitalizado ese malestar y se presenta como la expresión de quienes sienten que el partido dejó de ser una herramienta de construcción colectiva.
El 15 de marzo no solo se definirá quién conducirá el PJ local. También se pondrá en juego el modelo de partido que quiere el peronismo en Tres de Febrero. Y, por último, otra pregunta incómoda: ¿esta interna fortalece o debilita al peronismo de cara a lo que viene?