La historia de Susana quedó marcada desde su infancia por el fusilamiento de su padre, quien encabezó en 1956 un levantamiento contra la dictadura instaurada tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón. Luego del fracaso de la rebelión, Juan José Valle fue detenido y ejecutado el 12 de junio de ese año por orden del gobierno de Pedro Eugenio Aramburu. Susana conservó para siempre el recuerdo de los últimos momentos junto a su padre en la Penitenciaría Nacional, una escena que con el paso del tiempo se transformó en parte de la memoria política argentina.
Sin embargo, Susana no quedó reducida al papel de hija de un general fusilado. Desde fines de la década de 1950 transformó aquella tragedia familiar en una razón de vida y militancia, participando junto a jóvenes dirigentes como Felipe Vallese, Envar El Kadri y Jorge Rulli en las luchas de la Juventud Peronista, en un contexto marcado por la proscripción, la persecución y la violencia política. Décadas más tarde, durante la década de 1980, compartió actos y actividades políticas junto a referentes como Luis Zamora, en una trayectoria que mantuvo hasta sus últimos años.
El vínculo con el Sindicato de Trabajadores Municipales de Vicente López ocupó también un lugar significativo en su vida. Susana frecuentó durante años la sede gremial, participó de homenajes y actividades vinculadas con la memoria de su padre y mantuvo una relación cercana con los trabajadores y la conducción sindical. Esa relación se profundizó especialmente a través de su amistad con Victorio Pirillo, quien la acompañó en distintos momentos de su vida. Como muestra de confianza y afecto, poco antes de su muerte Susana dejó en custodia del STMVL las llaves de la bóveda familiar del Cementerio de Olivos, donde descansaban los restos de su padre. Años después, el sindicato entregó esas llaves a sus familiares, quienes actualmente las conservan.
Desde el STMVL remarcaron que el legado de Susana Valle excede su historia familiar y permanece ligado a una forma de entender la militancia, la memoria y las convicciones. Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer que no renunció a sus ideas ni buscó acomodar sus posiciones frente al poder, y que convirtió una tragedia personal en una vida de compromiso político. Al recordarla, Pirillo sostuvo que su memoria representa una continuidad: la de quienes entienden que la historia no debe quedar encerrada en los libros, sino permanecer viva en las instituciones, los trabajadores y las nuevas generaciones. “La memoria de Susana —como la de su padre— permanece viva”, expresó.